*

Informes especiales

Portada  |  01 mayo 2019

"Yo usurpaba casas": una nueva confesión con Mauro Szeta

"La Polaca" dice que no se arrepiente de su pasado, porque todo lo que hizo fue "por sus hijos". Una historia de abuso, robo y homicidio.

Leticia Chiribao, "La Polaca", tiene 45 años. Nació en Montevideo y a los siete años vino con sus padres para la Argentina. Ella es la mayor de seis hermanos, sus padres tuvieron un restaurante.

Se crió en La Boca, a los 12 años sufrió un abuso sexual de parte de un tío y se fue de la casa. Empezó a vivir en Plaza Constitución, dormía en los subtes y trenes. Al poco tiempo conoció chicos más grandes que le enseñaron a robar, hacían la modalidad piraña. A su vez, empezó a relacionarse con gente de las villas cercanas.

A los 16 años tuvo su primer arma, el robo empezó a complejizarse. “Yo robaba, pero te juro que nunca lastimé a nadie, tenía el fierro por las dudas”, dice. Siendo menor cayó muchas veces detenida en comisaría, “como era menor entraba hoy y salía al otro día”.

En esos tiempos conoció al que luego sería su marido, con él tuvo tres hijos. Él era tranza. Para poder mantener a sus hijos ella siguió robando, estando embarazada de su cuarto hijo sufrió una golpiza por parte de su marido que la hizo abortar, la arrojó por las escaleras de la casa. Luego de la dolorosa perdida, volvió a su casa y él la desalojó.

Allí comenzó una actividad que sería un modo de vida: okupa. Ella tenía claro que cuando tomaba una casa, mínimo eran dos años para desalojarlos. La Polaca abría los conventillos desocupados y alquilaba las habitaciones a 50 pesos, era 1999. Llegó a ocupar tres conventillos en simultáneo.

Uno de los playones que lindaban con uno de los conventillos lo usaba como estacionamiento para el barrabrava de River cuando jugaban el Superclásico en La Bombonera.

Esos años inició otra actividad delictiva que la llevaría a la prisión: vendía dólares truchos. Con 50 pesos compraba 100 dólares falsos que los pasaba en La Salada o a los turistas de La Boca. En una de esas transacciones estando en Caminito la detuvo la policía.

Pasaron los años y recuperó la libertad, empezó a trabajar como empleada en un puesto de La Salada. Sin embargo, no era suficiente, “cuando podía salía y cortaba coches o hacía salideras en casas de cambio”. Con esa plata se compró cuatro puestos en La Salada, como estaba muy bien económicamente decidió dejar de delinquir. Fueron seis años en los que solamente se dedicó a sus puestos en la feria.

Durante una charla con sus hijos, descubrió que una de sus hijas había sido abusada por un vecino. Lo fue a buscar y lo mató a puñaladas. Por el homicidio le dieron 8 años, en 2017 salió en libertad. Los hijos vivieron solos todos los años que ella pasó en prisión, no se drogan ni delinquen.

En 2017 volvió a La Salada, con la plata que su madre le guardó puso dos parrillas en las cercanías y además con su hermano empezaron a cobrar a los compradores por estacionar en la cuadra de la casa que la familia de ella tiene en las cercanías del predio. Por un incidente en la calle con un auto de policías de incógnito quedó detenida; en la carátula figura “robo en poblado y en banda”.

Es fanática de Los Redondos, tiene más de 65 tatuajes y un pelo trenzado hasta la cintura. Uno de los tatuajes es una lágrima en el rostro por la muerte de su hijo. Ella siempre fue líder en los pabellones que ocupó.

Dice no estar arrepentida de su pasado, “yo lo que hice, lo hice por mis hijos”.

Comentarios