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Portada  |  07 julio 2021

Minorías: disfluencia en el habla

Tienen dificultades en el habla, sienten determinados “bloqueos” que les impide comunicarse como desean. Todo eso conlleva una lucha interna y profunda, que en varias ocasiones genera impotencia y hasta culpa. Ellos conviven con disfluencia del habla, o mal llamado Tartamudez.

El 1% de la población y 5 de cada 100 niños la padece, siendo más frecuente en varones. Pero más allá de los números y estadísticas, cada una de estas historias es un mundo entero. Con sus particularidades, dificultades y logros.

Wado de Pedro, Ministro del Interior, se hizo presente. Es una temática que lo ha marcado desde su infancia, incluso también en su carrera política. Su compleja historia familiar, de padres desaparecidos durante la dictadura y una incesante lucha, pudo haber incentivado su disfluencia (entre otras cusas). Dicha condición lo desafió e incomodó constantemente. Desde llamados telefónicos donde se trabó repetidamente al hablar, hasta la imposibilidad de decir su propio nombre. Desde dificultades para pronunciar paradas de colectivo- y por ende bajarse en otras estaciones- hasta complejidades a la hora de hablar en reuniones políticas y convenciones. Lo sensibiliza remitirse a tantos años de esfuerzo, donde las inseguridades internas resultaron ser un cruel enemigo.

Muchos de ellos han sufrido discriminación a lo largo de su infancia y adolescencia. Ariel no puede olvidar aquellos momentos de primaria en donde, tras burlarlo por su forma de hablar, sus compañeros lo tiraban al piso y le golpeaban la cabeza. Paola recuerda cada vez que se encerraba en el baño esperando que pase el tiempo, para no tener que exponerse frente a los demás y sufrir la mirada del otro. Ingrid se preguntó repetidas veces por qué le sucedía esto a ella, y hoy, que está embarazada, teme que su hijo pueda heredar su disfluencia y pase por su mismo padecimiento.

Las dificultades son y fueron innumerables. A la hora de comer en restaurants, varios pidieron determinadas comidas que en verdad no querían, pero eran las que le salió decir. Otros se pasaron de paradas de transporte público por no poder gritar “parada”. Otros intentaron leer en voz alta o exponer en clases y volvieron los frecuentes “bloqueos” que lo impidieron. Muchos de ellos se sienten incómodos incluso antes de entrar en negocios, bares y reuniones sociales. Temen por la mirada del otro, por no poder darse a entender, por no poder interactuar. Y ese miedo los llevó a aparentar una timidez inexistente, los adentró en un silencio inintencional.

Debemos ser conscientes sobre cuán bien podemos hacerle a una persona con disfluencia. No completemos sus frases, démosle tiempo. No queramos adivinar lo que desean expresar, esperemos sus respuestas. No les digamos que “se calmen” para hablar con más fluidez, conversemos con ellos con naturalidad.

Justamente esa naturalidad es la que deberíamos ejercitar a la hora de interactuar con un otro. Porque el mundo está lleno de “minorías” y diferencias, y ya es hora de aprender a vivir entre ellas como parte de nuestra cotidianeidad. Porque vos, que estas leyendo, o yo, que estoy escribiendo, probablemente también seamos parte de un grupo minoritario. Y esperamos el mismo respeto de la sociedad hacia nosotros mismos.

AGRADECIMIENTOS
Asociación Argentina de Tartamudez- 015 3277-3093

ACLARACIÓN:
Cuanto antes se trata la disfluencia en el habla hay un mejor pronóstico. La misma puede manifestarse en la primera infancia. Apenas lo detecta la familia, docente o pediatra, es recomendable que el niño/a sea derivado a una fonoaudióloga especializada que pueda acompañar su evolución. La disfluencia puede revertirse.

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