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Portada  |  19 marzo 2021

Disfraces, millones de dólares y rehenes: la increíble historia del robo al Congreso en el gobierno de De la Rúa

Una banda burló la seguridad y se llevó los sueldos de los diputados sin tirar un solo tiro. Relato de uno de los robos más impactantes de la historia criminal argentina.

*Por Bárbara García Crespo y Agustín Monguillot

Fue uno de los robos más impactantes de la historia criminal argentina. Una banda que vulneró la seguridad de uno de los símbolos de la democracia argentina. Sin gritos, agresiones y sin tirar un solo tiro, se llevaron el dinero de los sueldos de los diputados. Todo esto en medio de una Argentina agitada, que transcurría la transición de la década menemista a los primeros pasos de la presidencia de Fernando de la Rúa. 

Pero lo que lo eleva a su status de robo histórico no es su modus operandi, sino el contexto. Porque asaltar al Congreso de la Nación no sólo fue una enorme muestra de coraje por parte de esta banda: también puso de rodillas al poder y se burló de él.

UN PLAN EJECUTADO A LA PERFECCIÓN

10 de febrero del 2000. Eran los primeros meses de la Alianza en el poder y el país atravesaba una brusca transición política. El Congreso era uno de los lugares donde se libraba esa disputa entre el peronismo saliente y la novedosa coalición. La inseguridad era el tema central por esos días. Taxistas marchaban en la puerta del parlamento por una sucesión de robos y asesinatos, mientras el presidente Fernando De la Rúa daba una conferencia de prensa para anunciar medidas para combatir el delito. Eran las 10.50 de la mañana cuando los criminales ingresaron al edificio por la avenida Rivadavia

Vestidos de traje, cruzaron el detector de metales y a nadie le llamó la atención que sonara porque pasaba con cada uno que cruzaba. Nadie controlaba. Pasaron por un retén policial y siguieron por un pasillo largo hasta la Tesorería. Allí esperaron su momento. Vieron que un policía ingresaba con una bandeja con café y aprovecharon para meterse 

Los tres delincuentes actuaron con rapidez y decisión. En segundos redujeron a los policías y tomaron de rehenes a siete rehenes. Entre ellos se encontraba el diputado del PJ, José Manuel Corchuelo Blasco, junto a su secretaria de prensa, Silvina Carstens. “Era tan absurdo todo que nadie atinó a tener una reacción”, recuerda ella a Telefe Noticias.

Una vez que neutralizaron cualquier amenaza, se dirigieron a la bóveda y empezaron a cargar sobres con dinero en bolsos. Los delincuentes tenían el dato de que era el último mes en el que los legisladores y los empleados cobraban su sueldo en efectivo y que pasarían a estar bancarizados.

Media hora después de que ingresaran, los tres salieron con los bolsos como si nada hubiera pasado. Se dirigieron a la esquina de Entre Ríos y Alsina, donde se subieron a una camioneta. “Cuando llegamos, empezamos a contar la plata y pusimos Canal 11 (Telefe)”, contó Carlos Manzanelli, uno de los autores del robo, en Un Tiempo Después, un ciclo de entrevistas que conducía Soledad Silveyra y que se emitió en Telefe durante 2008.

¿Cuánto se robaron? La versión oficial dice que fueron 1.147.584 pesos/dólares (época del uno a uno), pero luego trascendió que fue mucho más. Manzanelli jura que fue un millón y medio. “Cuando me dijeron que me quedara tranquilo, cuando vi que no gritaban, pensé: ‘qué bueno que al menos haya gente profesional metida’”, admite Corchuelo Blasco.

CONDENADOS Y MISTERIO

Las escuchas dan con el primer detenido. Se trataba de Juan Antonio Zavala, un empleado de maestranza del Congreso sin antecedentes penales. Para la justicia, fue el entregador. Después detuvieron a Manzanelli, uno de los tres que entró en la Tesorería, que había estado preso en los 80 por robarse una colección de piezas de marfil que pertenecieron a Eva Perón. En la entrevista, él jura que no recibieron ayuda de alguien de adentro, sino que se mandaron de corajudos.

Lo concreto es que Zavala y Manzanelli fueron condenados a 5 años y 5 años y 11 meses de prisión, respectivamente. Nunca se encontró una pista sobre los otros dos que participaron del atracto. El dinero, por si hace falta aclararlo, nunca apareció. Manzanelli contó que se compró un departamento y se puso un restaurante en Mar del Plata.

El robo pasó al olvido a medida que transcurrió el tiempo, en buena parte por el esfuerzo de la política de tapar lo que fue un escándalo. A la vez, quedó envuelto en un halo de misterio. Circularon varias versiones subterráneas. Por ejemplo, que había sido un robo orquestado por el peronismo saliente del poder para hacer un pase de factura o para guardarse un vuelto. “Hay mucho atrás que no sabemos y que jamás vamos a saber”, dice Carstens.

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