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Portada  |  05 marzo 2020

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte, el techista

Sin ellos una casa no sería una casa. Sería, apenas, una simple acumulación de paredes. Así de decisivo es el rol de los techistas, una especialidad que, además, exige convivir con un peligro constante: las caídas. Y el que lo comprobó fue Roberto Funes Ugarte, en una nueva entrega de Contratado por un día.

Texto: Pablo Martin Kuperszmit

Como parte de una cuadrilla de las empresas Maxsan y Arte Techos, participó en la instalación del techo de un galpón a 9 metros de altura, con todo el vértigo y el riesgo que implica trabajar en esas condiciones.

“Un compañero mío se cayó en una obra y se mató”, recuerda Pablo, quien, con más de 20 años de experiencia, tiene miles de techos construidos en su haber.

Eso no solo le permitió ser testigo de accidentes laborales. También de los cambios que en los últimos diez años se produjeron a la hora de elegir los materiales para construir techos.

“Las tejas que antes se usaban tanto ya casi no existen más. Ahora todos los trabajos se hacen con chapa, porque la chapa es más estable y al ser una plancha grande es más difícil que produzca filtraciones”, explica.

Y las estadísticas lo avalan. En la actualidad, el 90% de los techos de casas, incluso en los barrios más pudientes, se construyen con chapa en sus diferentes colores: hay negras, verdes y rojas.

Debajo se les coloca una lana de vidrio, que cumple la función de aislante térmico y sonoro. De esa manera se evita que tanto la temperatura ambiente como los ruidos invadan el interior de la propiedad.

Construir el techo de una casa demanda 20 días de trabajo y cada metro cuadrado cuesta, en promedio, 3 mil pesos, incluyendo la mano de obra y los materiales.

Los techistas, que pertenecen a la Unión Obrera de la Construcción, trabajan 48 horas por semana a la intemperie y sin importar el calor o el frío que hagan. Todo para ganar un sueldo de 35 mil pesos. Y, de paso, cumplir el sueño de mucha gente. El sueño del “techo” propio.

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